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El miedo al abandono o la creencia de no merecimiento bloquean la manifestación de la abundancia en nuestras vida

El otro día compartía en Instagram esta frase que aprendí hace un tiempo a raíz de un viaje chamánico que hice para entender de donde provenía mi consciencia de pobreza, dado que en esta vida no había sufrido «directamente la escasez».

Pero claro, más allá de mi experiencia personal, la consciencia de pobreza es un programa que tenemos instaurado la gran mayoría de humanos en el planeta Tierra y que adquirimos a través de la herencia sistémica de nuestro linaje familiar. Por suerte poco a poco vamos desprogramando a medida que vamos ganando consciencia, sanado las heridas propias y de nuestro árbol genealógico.

Pero a lo que iba.

¿Os suena la famosa frase el dinero llama al dinero?

Pues funciona tal cual, es una cuestión energética, de match vibracional. El dinero es energía y las energías de igual frecuencia se atraen.

Cuando una tiene dinero se siente segura, confiada y puede vibrar más tiempo en un estado sostenido de merecimiento, sabe que tiene dinero y no duda de que más esta en camino, no duda de que sabe como generar esa abundancia y se siente merecedora de ella. Por eso la gente rica siempre se hace más rica (por lo general). También hay quien se arruina, esta claro, en estos casos podríamos analizar que problemas «amorosos» tiene la persona o que carencias y vacíos arrastra de la infancia y ver dónde esta vibrando carencia y miedo.

El dinero llama al dinero debido a que las personas que han crecido con una base económica fuerte han sido educadas de tal forma que se refuerza, a nivel inconsciente, su creencia de merecimiento de esos bienes materiales. Ya se que no todo el mundo que proviene de familias bien estantes es capaz de mantener ese estatus, pero eso es debido, como digo, a un problema de raíz relacionado con el amor propio del que ahora os hablaré.

Por ejemplo en mi caso, el bloqueo con la parte material que arrastré durante muchos años, y en la cual todavía sigo trabajando a día de hoy, tiene el origen en una «simple» pero potente creencia de carencia.

Yo no soy nadie

Esta ha sido durante muchos años mi mentira personal.

Si uno no es nadie, no merece nada, ni tan siquiera amor. Si yo no soy nadie, no existo. Si no existo no recibo nada. Si no recibo nada es que no merezco nada. Si no merezco nada es que no soy suficiente y por tanto no puedo ser amada. ¿Si nadie me quiere cómo voy a quererme yo?

Todo esto que escribo no es cierto, claro esta que existo, que soy alguien y que merezco amor. Pero a un nivel muy profundo dentro de mi inconsciente he estado arrastrando esta mentira personal, que me ha generado muchísimos problemas, tanto materiales como emocionales.

El primero y el más importante ha sido acarrear conmigo un gran vacío. Un vacío por el cual se escurrían todas aquellas cosas que tanto me habían costado conseguir. Ese vacío era un gran agujero negro que se lo comía todo. Ese vació era mi gran fuga energética, por donde iba perdiendo toda mi energía vital.

¡¡¡Imagínate que mensajes estaba emitiendo al Universo!! Vació, carencia, no merezco, no tengo… era muy difícil manifestar abundancia desde ahí, sin un gran desgaste energético.

Con razón me costaba tanto ganar dinero, o conservarlo, o ya no solo el dinero: me robaban, me desaparecían bienes materiales sin ninguna explicación, multas de aparcamiento sin sentido, embargos en la cuenta, y un sin fin de situaciones extrañas e incomprensibles para mi en aquellos momentos. Y generalmente esas situaciones sucedían todas en periodos similares, de forma concentrada, después de experiencias concretas como rupturas de pareja, desengaños amorosos, finales de contratos laborales, falta de confianza a nivel profesional, etc. Es decir se manifestaban en el plano físico mis bloqueos emocionales y mi falta de amor propio.

¿Crees que te sucede algo parecido? ¿Podrías analizar por que momento estas pasando cuando tienes perdidas económicas, o materiales? Fíjate bien.

Esa primera mentira personal de «no existo», se formó, en mi caso, durante la gestación y los primeros años de vida. Mi madre no quería ser madre, como mínimo inconscientemente. Creo que ella debía sentir que no podía ser madre porque no tenía nada y lo poco que tenía lo necesitaba para su propia superviviencia.

Debido a su historia personal, ser la mayor de 9 hermanos y tener que anteponer las necesidades de todos los demás antes que las suyas propias, la condujo a un estado de rechazo de su familia, sus padres y a un gran enfado y frustración. Además al ser tantos hermanos la economía familiar era muy precaria. El último en levantarse por la mañanaa se quedaba sin desayuno, sin zapatos o con el peor vestido para ir a la escuela. Si llegabas tarde a la hora de comer te quedabas sin comida…así que la supervivencia en ese contexto era complicada. Todas estas experiencias, crearon en mi madre su gran mentira personal, de no tener suficiente. De carencia, rabia y soledad.

Cuando una no tiene suficiente, no tiene nada que dar. Si una persona esta enfadada y resentida por todo aquello que siente que le arrebataron intentará proteger a toda costa aquello que es suyo. Y claro…un hijo durante los primeros años de vida, demanda muchísimo: atención, amor, afecto, comida. Dejando a la madre,siempre, en un segundo plano. Tener un hijo supone revivir de nuevo el trauma de la infancia, si no lo tienes sanado e integrado. La experiencia te devolverá, como un espejo, donde tienes la herida. Y para evitar sentirla y verla una construirá un muro emocional para proteger la propia integridad. Para proteger lo poco que cree que tiene.

Y eso es lo que hizo mi madre. Construyó un muro entre ella y yo. Un muro por el que no pasaba nada más que los cuidados mínimos para que una niña sobreviviera. Comida, ropa y cierta educación estricta sobre modales y formas de ver la vida. Ni besos, ni abrazos, ni consuelos, ni atención, ni presencia, ni nada de lo que en realidad nutre a una niña y la ayudan a sentirse protegida mientras a prende a valerse por si misma. En definitiva crecí con una madre ausente. Tan ausente que no me oía cuando le hablaba, aunque lo hiciera a gritos, que se olvidaba de venir a buscarme al colegio o simplemente, mi presencia le hacia enfadar tanto que no podía soportarlo, provocándole grandes ataques de rabia, que volcaba en forma de violencia física y verbal.

¡Pero ojo! No fue hasta los 30 años que empecé a tomar consciencia de que la relación con mi madre podía ser el origen de ese vacío que siempre había sentido. Durante años y sobretodo durante la adolescencia pensé que ya me estaba bien una madre que me dejara hacer más o menos lo que quisiera, que no me controlara ni me llamara a todas horas, como les sucedía a mis amigos…pero claro, evidentemente, la falta del amor de una madre es fundamental para que una niña se sienta completa. Durante años para intentar apaciguar ese dolor del vacío y la ausencia, use las drogas, el sexo, la procastinación, evitar compromisos, y evitar, evitar, evitar y evitarme.

Y todo aquello que evitamos mirar se convierte en nuestra sombra. Y lo que esta en la sombra se guarda en el inconsciente que es desde donde manifestamos y cocreamos nuestra realidad.

Lo que experimentamos en esta vida es la lección que hemos venido a aprender y creo que en mi caso, como en el de la mayoría, es aprender a quererme (entre algunas más, claro).

El amor propio y el merecimiento profundo de la propia existencia, más allá de las experiencias y condiciones externas es una de las grandes lecciones espirituales de evolución.

Aprender a amarme a mi misma esta siendo el viaje de mi vida. A pesar de que en esta vida la lección se desencadenó a partir de la experiencia concreta relacionada con mi madre, es una lección que arrastro de muchas vidas atrás. Probablemente como tú.

Pero por suerte aquí y ahora tenemos la oportunidad de sanar, integrar y trascender para reconectarnos con nuestra verdadera esencia y volver a casa.

Lo que descubrí en ese viaje chamánico, fue que el miedo al abandono, y no solo la falta de amor y de merecimiento, sino el MIEDO, era la causa del bloqueo material. De echo el miedo era el origen de la falta de amor propio y merecimiento.Miedo a no existir, a no poder sobrevivir, miedo a morir.

En ausencia de amor solo hay miedo.

La lección pasa de vida en vida hasta que somos capaces de aceptar nuestra sombra, traerla a la luz de la consciencia, integrarla, aceptarla y perdonarnos a nosotras mismas por no haber sabido hacerlo mejor.

Mi viaje empezó hace más de 2000 mil años, en el 45ac, en la que fuí abandonada en las escaleras de un templo y recogida por una pareja de ancianos pobres, ya mayores, que no habían podido tener hijos.

Continuó durante muchas vidas, hasta la edad media, en la que fui quemada por bruja, y siguió hasta los años 40 en la que fui un niño americano de una familia bien. Con una madre que tuvo que salir huyendo de una relación de maltrato. Fue una mujer valiente que cogió las maletas y al niño y se fue de casa, perdiendo así su estatus social y económico. Se paso la vida viviendo en el barrio judío de Nueva York, limpiando casas para sobrevivir. Las mujeres en aquella época no tenían muchas alternativas.

Amor, abandono, maltrato, creencia de no merecimiento, ni de ser suficiente, todo estos estados del ser están totalmente relacionados con la falta de abundancia, las perdidas materiales, y la escasez.

Finalmente se me mostró de nuevo mi infancia actual. Me enseñaron una imagen, de un recuerdo real, en la que mi madre me dejaba cada mañana en lo alto de unas escaleras que conducían a la calle de mi escuela y que justamente se encontraban junto a una iglesia.

Entonces vi claro como se cerraba el círculo que había empezado con el primer abandono en las escaleras del templo y terminaba en esta vida con el abandono en las escaleras de la escuela al lado de una iglesia.

Así que vamos repitiendo el trauma de generación en generación, de vida en vida, hasta que podemos verlo con la distancia suficiente, aprender la lección y sanarnos para enraizarnos de nuevo en la vida, en la Tierra, en el Universo.

Por eso te animo a que investigues cuales son tus miedos actuales, los más profundos y en qué áreas de tu vida no te estas queriendo y respetando.

Todas aquellas relaciones, con amigos, parejas, jefes, familiares, etc en las que no se te esta valorando, o en las que se generan desequilibrios de poder son síntomas de una falta de amor propio que impide poner límites de forma sana. Esas relaciones se convierten en fugas energéticas, vacíos, agujeros, por las que se cuela tu energía personal, tu poder interno y tu capacidad de manifestar aquello que deseas.

¿Por qué? por que significa a que a nivel profundo no te quieres lo suficiente, no te sientes merecedora de algo mejor, y eso es lo que a nivel inconsciente estas emitiendo al Universo. Y el Universo siempre te devuelve lo que pides, no distingue entre mucho o poco, bien ni mal, abundancia o escasez, simplemente entiende de vibraciones energéticas y frecuencias.

Así que te invito a que hagas el curso «Descubre tu verdad eterna Yo Soy» como primer paso para trabajar el auto amor.

Me encantaría poder leer tus experiencias una vez lo hayas hecho.

Y si crees que a alguien que conoces podría interesarle y serle útil esta información, por favor compártesela.

Entre todas podemos hacer la revolución y empezar a cocrear un mundo distinto, basado en la abundancia y el amor.

Te quiero